Las tres secciones principales del pie – parte delantera, parte del medio, parte de atrás- hacen diferentes trabajos.
La parte delantera es la sección más grande –desde el inicio de los metatarsos hasta la punta de los dedos del pie. Las articulaciones entre los metatarsos y los dedos del pie forman la bola del pie, que es la que proporciona mucha de la estabilidad cuando camina, mientras que sus dedos del pie le proporcionan agarre y rebote. Aunque los huesos de la parte delantera del pie son relativamente delgados, soportan alrededor de la mitad de su peso corporal. Su dedo gordo del pie tiene dos huesos, mientras que sus otros dedos del pie tienen tres.
La parte media es el arco de su pie, formado por cinco huesos tarsianos gruesos que se combinan para funcionar como un poderoso absorbedor de impacto.
Sólo hay dos huesos en la parte trasera del pie: el tobillo y los huesos del talón. La articulación entre ellos permite rotar el pie en el tobillo. Por otra parte, las dos articulaciones entre el hueso del tobillo y los dos huesos de la pierna inferior (tibia y peroné) forman una bisagra que permite mover el pie hacia abajo y hacia arriba.
Los ligamentos y tendones del pie son fibras elásticas fuertes que mantienen unida toda la estructura. El tendón de Aquiles, de gran tamaño, une los músculos de la pantorrilla con el hueso del talón, permitiendo pararse de puntillas.
Pero lo que hace que toda la estructura funcione es la red de músculos, nervios y vasos sanguíneos, la cual es protegida por la piel. Una de las funciones vitales que la piel realiza es mantener la temperatura corporal normal, ya sea irradiando calor y excretando sudor para enfriarse o reteniéndolos para mantener el calor. Por este motivo, los pies que pasan la mayor parte del tiempo dentro de zapatos y calcetines producen tanto sudor: hasta ¼ de litro al día. Y los pies sudorosos son los más vulnerables al pie de atleta.
